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En una red de transporte.

En la era en la que la tecnología está presente por todas partes parece que vivimos en un mundo más seguro. Miles de cámaras  micros nos rodean tanto en las calles, en las tiendas y en el transporte público.  Parece que así es más difícil que se vulnere nuestra seguridad.

Por desgracia estos sistemas ya no son por si solos garantes de nuestra seguridad.  Los carteristas y otros amigos de lo ajeno saben sortear los nuevos medios de vigilancia. Pero para suerte nuestra cada día hay más cámaras rodeandonos, esta vez personales. Están incorporadas a los diferentes dispositivos móviles que podemos llevar encima.

En el caso de la agresión del metro de Barcelona de hace unos días, en la que un joven recibió una paliza de parte de otro de distinta nacionalidad. Dos factores intervinieron en su favor, por una parte la defensa por parte de los demás pasajeros y por otra parte por la presencia de una cámara con la que se grabó lo ocurrido.

Sin la presencia de este material es fácil dar que las partes implicadas den una versión personalizada de los hechos. El video no deja lugar a dudas de lo ocurrido, lo cual facilita la labor de la maquinaria jurídica.

Obviamente grabar en video una agresión conlleva riesgos al igual que mediar para evitar que la agresión siga su curso. Pero son por ahora las únicas opciones que llenan el vacío de seguridad que dejan los medios ya existentes.

Desde aquí felicitar a los que intervinieron valientemente en esta y otras ocasiones menos sonadas. De esta manera logran que el transporte público sea un poco más seguro.