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Tren RENFE a su paso por una estación de Galicia.

Vivimos en un país en el que no nos preocupa subir a un tren, un avión o un autobús. Sabemos que se suelen seguir las normas de seguridad que garantizan un viaje agradable. Algo que se extiende a todos los países de europa a los que viajamos. Y se suele opinar que al salir de los países, dichos desarrollados, esta seguridad se reduce drásticamente.

Pero en España tenemos algo en común con dichos países, en caso de accidente en un servicio público, nadie se hace responsable y menos el gobierno central o las autonomías. Más bien hacen todo lo posible para encubrir la verdad. Y no es una opinión propia sino demostrada. El caso de Spanair, el del metro de valencia y el del Alvia (entre otros).

En este último y más reciente caso ha quedado muy clara la posición de las entidades públicas. Quienes han decidido ofrecer cómo chivo expiatorio al conductor, quien obviamente tiene parte de la responsabilidad, pero no es enteramente culpable de lo sucedido. Olvidando que el tren circulaba por una vía propiedad del estado, que no estaba debidamente señalizada y que no contaba con las medidas de seguridad que podrían haber contrarrestado el error humano.

Tres días después del suceso se instalaron las balizas del sistema ASFA y señales de la limitación de velocidad. Justo lo necesario para evitar el trágico accidente. Y se reconoció que hubiese sido prudente instalarlas antes. Pero lo irónico es que los responsables no quieren dar la cara y el gobierno, por ahora, defiende esta línea de actuación.

El caso del metro de Valencia empezó igual y hasta el día de hoy el único responsable es el maquinista. Todos los demás implicados salieron sin cargos y sin dar explicaciones.

Esto significa que la red de transporte público es segura hasta prueba de lo contrario, algo que no es muy tranquilizador. Las 79 muertes y las decenas de heridos del último accidente son una muestra. Pero lo peor de todo es la pasividad de las autoridades frente a las víctimas y los familiares que sufren la pérdida de sus seres queridos, quienes esperan una respuesta coherente de lo sucedido.

Esperemos que las lecciones del pasado ayuden a las autoridades a tomar decisiones que vayan hacía el bien de todos y no hacía el bien de los de arriba.